Amor y Sexo

En nombre de la verdad hemos de decir que el Amor comienza con un destello de simpatía, se substancializa con la fuerza del cariño y se sintetiza en adoración.

Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres: Uno que ama más, otro que ama mejor. El Amor es la mejor religión asequible.

Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, escribió en la Tabla de Esmeralda la siguiente frase: “Te doy Amor en el cual está contenido todo el súmmum de la Sabiduría”.

Realmente, el Amor, en sí mismo, es el extracto de toda sapiencia. Escrito está que la Sabiduría, en última síntesis, se resume en Amor, y el Amor en Felicidad.

Cuando el ser humano está enamorado se torna noble, caritativo, servicial, filantrópico, se encuentra en estado de éxtasis; y si se halla ausente del ser que adora, bastaría un simple pañuelito o un retrato, o un anillo o cualquier recuerdo para entrar en estado de éxtasis; así es el Amor.

Realmente el Amor es una efusión, una emanación energética que fluye desde lo más hondo de la Conciencia; es, dijéramos, un sentido superlativo de la Conciencia.

La Energía Cósmica que fluye del fondo de nuestro corazón, estimula a las glándulas endocrinas de nuestro organismo, y las pone a trabajar, entonces muchas hormonas son producidas y ellas inundan los canales sanguíneos, y nos llenan de una gran vitalidad. En la Grecia antigua la palabra “Hormona” significa “Ansia de Ser”, “Fuerza de Ser”.

En realidad de verdad, el Amor revitaliza, el Amor despierta en nosotros innatos poderes del Ser.

Cuando verdaderamente se está enamorado, se torna el ser humano intuitivo, místico. En tales instantes presiente lo que en un futuro le ha de suceder, y muchas veces exclama: “Me parece que esto es un sueño, me temo que más tarde tú habrás de encontrar a otra persona en tu camino”. Tales presentimientos intuitivos, a través del tiempo y de la distancia, se cumplen exactamente; así es el Amor.

En la India, el Amor ha sido siempre simbolizado por el cisne Kala-Hamsa, el cual flota maravillosamente sobre las Aguas de la Vida. Realmente, el cisne alegoriza, en forma enfática, las dichas inefables del Amor. Observemos un lago cristalino, donde el cisne se desliza sobre las purísimas aguas donde se refleja el cielo. Cuando uno de la pareja muere, el otro sucumbe de tristeza, y es que el Amor se alimenta con Amor.

“Amar, ¡cuán grande es amar! Solamente las grandes Almas pueden y saben amar”.

Observemos nosotros a la flor: Los átomos de la molécula en la perfumada rosa de ambrosía, bañada por los rayos de la Luna en la noche estrellada, a la orilla de la fuente cristalina, nos hablan de Amor.

Giran esos átomos alrededor de sus respectivos centros nucleares. Obviamente, la molécula en sí misma es un sistema solar en miniatura. ¿Por qué los átomos allí giran alrededor de sus centros de gravitación como los planetas alrededor del Sol?: Atraídos por esa fuerza maravillosa que se llama Amor.

Escrito está, que si todos los seres humanos sin diferencia de raza, sexo, casta o color, abandonaran siquiera por un minuto sus resentimientos, sus venganzas, sus guerras, sus odios, y se amaran entrañablemente, ¡Hasta el veneno de las víboras desaparecería!.
Y es que el Amor es una fuerza cósmica, una fuerza que surge del vórtice de todo núcleo atómico, una fuerza que surge del vórtice de cualquier sistema solar, una fuerza que surge del centro de cualquier galaxia; una fuerza extraordinaria que debidamente utilizada puede realizar prodigios y maravillas, como aquéllos que realizara el Divino Rabí de Galilea a su paso por la Tierra; así es el Amor.

El beso, en sí mismo mirado por muchos en forma morbosa, es en realidad de verdad, la consagración mística de dos Almas, ávidas de expresar en forma sensible lo que interiormente viven.

El acto sexual, es la consubstancialización del Amor en el realismo psico-fisiológico de nuestra naturaleza.

Cuando se estudia la fuerza del cariño, cuando se comprende lo que es eso que se llama “Amor”, sentimos que debe existir en el fondo del sexo, un “algo” que puede, en realidad de verdad, traernos la Iluminación, la cuestión mística, que podría transformarnos en superhombres.

No hay quien no presienta que mediante el Amor se puede cambiar; y en verdad, es que sólo mediante esa fuerza maravillosa es posible cambiar.

Adam y Eva salieron del Paraíso Terrenal juntos, y juntos, abrazados, deben regresar al Paraíso. Adam y Eva salieron del Edén por haber comido del fruto que se les dijo: “No comeréis” Es obvio que dejándolo de comer volveremos al Edén.

Si por la puerta del sexo salimos del Edén, sólo por esa puerta maravillosa podremos retornar al Edén. El Edén es el mismo sexo.

Hay necesidad de que en nosotros nazca el hombre verdadero. El hombre verdadero es el Rey de la creación, un hombre que tiene poder sobre el fuego, sobre el aire, sobre las aguas, sobre la tierra.

 

 

 

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